Para desarrollar líderes en América Latina se requiere de personas con un sueño, una misión y un propósito estratégico. Se necesitan individuos con capacidad de expresar claramente una visión y comunicarla -más que con palabras- con acciones, hechos y consistencia.
No se trata de pronunciar discursos, enviar memorándums y colgar cuadros dorados en las murallas. Se trata de vivir esa visión día a día. El Siglo XXI será el siglo de las ideas y el líder tendrá que ser un generador de ellas y un eterno estructurador de las ideas de los demás.
Otro de los aspectos vitales del líder es el crear confianza. Debe ser sincero en la forma de comunicarse, ojalá cara a cara. No sirven los boletines internos, los videos o las conferencias vía satélite. Por lo tanto, se debe caer en la tentación de confundir el éxito personal con el liderazgo.
Los líderes que Latinoamérica requiere no sólo tendrán que crear una visión, sino que ésta debe poseer significado y ser compartida. Todos los hombres que han logrado grandes cosas, han soñado con el mañana.
UNA
VISIÓN SIN ACCIÓN ES SÓLO UN SUEÑO.LAS DIFERENCIAS DE UN LÍDER
¿Qué hace la diferencia en un líder? No la hace la cantidad de cursos y títulos que posea, su posición jerárquica, sus orígenes o sus redes de contacto. Tampoco es su edad, sexo u ocupación, sino su preocupación por las necesidades de otros, su forma de encarar los desafíos con los cuales se enfrenta. Aquello que lo diferencia es su entusiasmo por mejorar las cosas y crear nuevas oportunidades.
El líder tiene pasión por una causa y desea dar algo en retorno a la sociedad. Este obtiene su recompensa por servir a otras personas.
Ganas tú, gano yo es su máxima.Para lograr dar esperanza, el líder debe ser capaz de vender una visión positiva del porvenir, que sirva de puente entre el presente incierto y un futuro esperanzador. El liderazgo es un diálogo y no un monólogo, lo cual implica desarrollar cada vez más la habilidad de comunicación que la técnica.
ASUMIENDO RIESGOS
Para poder desarrollar líderes en nuestro continente, requerimos gente
dispuesta a asumir riesgos a cometer errores, considerando los fracasos sólo como
resultados no esperados.
¿Por qué cometer los mismos errores,
si hay tantos nuevos errores por cometer?
Un continente, donde se privilegia sólo la "razón" y no la
"pasión", no es cuna propicia para desarrollar líderes, al menos tan
fácilmente. La gente apasionada que desea liderar en América Latina, conforma una
generación pujante que crece vertiginosamente, en forma rebelde y contestataria, como una
reacción natural de rechazo a una sociedad que ahora se sustenta en la "racionalidad",
las "normas" y en que las cosas no son posibles de hacer debido a las
amenazas de los mercados externos, entre otros factores.
Personas como las descritas arriesgan su reputación, sus posiciones y su situación económica al seguir el camino de una nueva solución fundamentada en una decisión no racional, saltando desde un territorio iluminado y conocido a uno desconocido y sin claridad, sin saber -como en el caso de Colón- si están al borde de un continente o en una pequeña isla. En síntesis,
deben actuar más con el corazón que con la cabeza.Este maravilloso desafío para nuestra generación, no se enseña por el momento en ninguna Universidad local o extranjera, hay que buscarlo dentro de nosotros mismos. Quizá en las neuronas adormecidas de nuestro cerebro o quizá en nuestro propio corazón.
Es hora de no condenarse a un cuenta-propismo vegetivo o a un destino
gris en trabajos y profesiones, que lejos de apasionarnos, nos hacen morir de a poco en
pastillas de 8 horas diarias.
Es tiempo de liderar, con pasión y entusiasmo,
para generar un nuevo futuro en nuestro continente.
Por
Fernando Vigorena Pérez